En la pista de Tiltil, bajo un cielo despejado que parecía abrirse solo para los motores, un joven de apenas 13 años escribió una de esas páginas que quedan marcadas en la historia del automovilismo chileno.
El Campeonato Sudamericano de Karting, organizado por la Federación Internacional de Automovilismo, se celebró por primera vez en Chile y fue allí, en el circuito del Club de Aeromodelos de Chile, donde la velocidad se volvió épica y cinco de las seis finales quedaron en manos nacionales; entre ellas brilló con fuerza la de la categoría OK Junior, dominada por Diego, quien se alzó con el título tras una final de infarto.
Diego no juega con autitos, los conduce de verdad. Lo hace desde los tres años, cuando apenas alcanzaba a ver por encima del volante. Hoy, con 13, entrena a diario tras salir del colegio: ajusta piezas, conversa con mecánicos y pule cada curva hasta que el cuerpo se lo permite. Su disciplina es tan férrea como su pasión.
Ganador del Sudamericano FIA en la categoría IAME, que define un tipo de motor, Diego es consciente de que está abriendo un camino inédito: es el primer chileno en conseguir tal título. Y aunque reconoce los nervios de viajar solo a Europa, no esconde la emoción de competir contra más de 80 pilotos en Suecia.
Detrás del casco, de la velocidad y los podios, hay un niño. Y detrás del niño, un padre que lo acompaña como guía, representante y tutor. Francisco Pérez, orgulloso hasta las lágrimas, lo dice sin adornos:
Francisco sabe que su hijo sueña con la Fórmula 1, y aunque lo dice con los pies firmes en la tierra, no esconde el brillo en los ojos.
La próxima parada es Kristianstad, Suecia, entre el 11 y el 14 de septiembre. Allí, Diego correrá contra los mejores del planeta, enfrentando curvas que son trampas y rectas que son lanzaderas de gloria. Su historia apenas comienza, pero ya tiene la estampa de lo épico: un niño que sueña con tocar el Olimpo de la velocidad, ese lugar reservado para los dioses de la Fórmula 1.
En cada vuelta de pista, en cada rugido de motor, Diego Pérez lleva algo más que un karting: lleva los sueños de una familia, la ilusión de un país y la certeza de que los grandes campeones, antes de ser leyenda, también fueron niños que, como Diego, se atrevieron a soñar.